El hombre se levantaba cada mañana y realizaba su rutina diaria: se bañaba, se cepillaba los dientes, se vestía y luego preparaba su desayuno y se disponía a comer, luego se iba a trabajar y nuevamente volvía a casa en la noche, comía algo y se iba a dormir; todo marchaba bien hasta que una mañana mientras se encontraba realizando su rutina alguien toco la puerta, el dejo todo a un lado y se fue a abrir la puerta, allí había una anciana quien le pidió que por favor le regalar un vaso de agua el hombre se negó cerró la puerta y volvió a realizar sus labores, continuo su día normal, a la mañana siguiente la misma anciana volvió a tocar a la puerta el hombre nuevamente se negó, esto se repitió durante vario tiempo, se había convertido en parte de su rutina, y siempre sucedía con la misma respuesta.
Una mañana se levantó realizando sus labores y le extraño que ese día la anciana no tocara la puerta pero igual realizo su actividad de todos los días y mientras se dirigía al trabajo caminaba buscando la anciana, de pronto la encuentra tirada en el suelo unas cuadras después de su casa, corrió a auxiliarla y de nuevo la anciana con mucho esfuerzo le pidió un vaso de agua el hombre conmovido la llevo a su casa donde le ofreció no solo un vaso de agua sino su casa donde ahora bien juntos y comparten cada día, realizando la rutina nueva que habían organizado.
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